Hoy, con la llegada renovada de las zapatillas tipo Skechers de Lidl por menos de 9 euros, la conversación sobre movimiento, comodidad y accesibilidad está en su punto más alto. Pero más allá del boom de estas deportivas que prometen caminar horas sin quejas, hay algo interesante que podemos aprender sobre cómo organizamos nuestras ideas y pensamientos.

Como estas zapatillas, nuestras ideas suelen necesitar espacio para moverse y fluir libremente. En la práctica del pensamiento creativo, sobreclasificar, o sea, encasillar cada nota o fragmento de inspiración en categorías demasiado rígidas, puede volverse contraproducente. Es como si pusiéramos nuestras ideas en zapatillas demasiado ajustadas: pierden la flexibilidad y el confort necesario para crecer y transformarse.

Lo que Lidl hace con sus zapatillas es simplificar un producto para que cualquiera pueda disfrutarlo sin complicaciones, y eso mismo es lo que deberíamos hacer con nuestras notas e ideas. Si nos obsesionamos con etiquetarlas, ordenarlas y clasificarlas hasta el extremo, corremos el riesgo de sofocar esos destellos creativos que a veces llegan en bruto y desordenados.

Además, la accesibilidad y economía del lanzamiento nos recuerda que a veces lo más sencillo y económico en términos de esfuerzo mental puede ser lo más efectivo. Al evitar la trampa de la sobreclasificación, dejamos que nuestras ideas coexistan y se entrecrucen de forma más natural, facilitando conexiones inesperadas y frescas.

Por supuesto, un poco de orden es necesario para no acabar con una maraña indescifrable, pero el equilibrio es clave. Revisa tus notas como quien prueba un buen par de zapatillas: busca comodidad y libertad, no rigidez ni presión constante.

Así que, inspirados por este movimiento de Lidl que provoca tantas charlas y ganas de andar kilómetros sin sufrir, la invitación es a dejar que nuestras ideas respiren, sin atarlas demasiado rápido a categorías fijas. Más flexibilidad en el pensamiento a menudo abre puertas a una creatividad más genuina y efectiva. Al fin y al cabo, la comodidad no está en la rigidez —ni en las zapatillas ni en nuestras ideas.